El hipotálamo procesa los estímulos provenientes de la amígdala y de otras estructuras cerebrales; también realiza proyecciones hacia el tronco cerebral en el control de la agresividad. De hecho, cuando se interrumpen las conexiones entre el hipotálamo y el cerebro medio, no aparece la agresividad. En estudios que utilizan herramientas precisas de manipulación de circuitos, se ha identificado un pequeño subnúcleo en el hipotálamo medial, la parte ventrolateral del “hipotálamo ventromedial”, como una estructura clave para impulsar tanto la agresión como las conductas de búsqueda de agresión (Ortega y Alcázar, 2016). Igualmente, la sustancia gris periacueductal está implicada en el comportamiento motor durante la conducta agresiva ofensiva (Krivoy et ál., 2003). Además, existe una relevancia estructural de los lóbulos frontales ya que, al mantener conexiones con la amígdala y el hipotálamo, modulan la expresión de la agresividad ejerciendo una acción inhibidora sobre la agresión.